

El Sueño de Mandela
Por: Suheill M. Urdaz Montano
A sus 91 años, el insigne ex presidente sudafricano Nelson Mandela continúa dando lecciones de FE a un mundo que, pareciera decidido a vivir sin ella. El “último gran héroe universal”, como escuché decir a un reconocido periodista, ha vivido en lucha constante, con el cuchillo en los dientes, intentando hacerse camino entre obstáculos realmente difíciles de sobrepasar. ¿La mejor parte? Ha vencido cada uno de los desafíos que sus circunstancias le han presentado a través de su existencia; tomando por bandera la paz, la igualdad, y sobre todo la FE. Desde mi perspectiva, de todas, es ésta última es la más escurridiza compañera de viaje de cualquier ser humano. Conservar la FE mientras se vive en un país que desde su colonización europea ha sido violentado en su más noble derecho, la libertad de la mayoría de sus habitantes, es solo cualidad de nobles y trabajadores incansables. Por eso hay que soñar!
Luchando contra un sistema odioso, reprochable y reprensible desde la raíz, como lo fue el “Apartheid”(segregación racial) en el que, ridículamente el cinco por ciento de la población blanca tenía dominio absoluto de un país abrumadoramente negro, jamás dejó su FE en la cuesta. ¿Cómo puedo estar tan segura? Porque solamente los que no renuncian logran lo deseado. Luego de pasar por una sentencia de cadena perpetua y cumplir 27 años en prisión por alegados actos de resistencia y revolución, desde armadas hasta no violentas y pacíficas, Mandela siguió confiando. Vale la pena sentarse a la mesa con FE, aunque sea tras las rejas, porque a fin de cuentas es ella quien termina libertando. Por eso hay que soñar!
La Fe de Mandela no se extinguió al momento de su liberación. Se necesitaba mucho más que 27 años de trabajos forzosos en la cárcel (igualmente segregada) para hacerlo desistir. Es precisamente ahí cuando ésta se transforma, cambia de color y se reaviva para continuar impulsándolo, y así se convirtió en el primer presidente negro elegido democráticamente por los ciudadanos de Sudáfrica. Desde la cima y el éxito finalmente alcanzado se reafirma. Es aquí que comienza a llevar a todos y todas su discurso de igualdad con mucha más fuerza que en sus días jóvenes, cuando solo era un aspirante a ciudadano, cuando todo se veía como un sueño muy lejano. Era momento de trabajar no solo por la igualdad de los negros, que finalmente comenzaba a experimentarse, sino por la igualdad de los y las ciudadanos/as del país. Todos y todas iguales, sin importar el color de los ojos, el cabello o la piel. Una vez más Mandela se realiza. Por eso hay que soñar!
Hoy, en el ocaso de su vida, sólo hay una cosa más que sus ojos deseaban ver; la festividad deportiva más significativa y emblemática del planeta: La Copa Mundial de Fútbol! Imposible!... hasta que fue posible. Desde sus inicios en 1930, el Mundial se ha disputado en terrenos americanos o europeos. En el 2002 se juega por primera vez en el continente asiático, albergado por Corea y Japón. Sin embargo el momento cumbre para Mandela y su querida África llegaría en el 2004, cuando la FIFA toma la “arriesgada” decisión de llevar el evento al continente negro, mejor que eso! A tierras de Mandela. Bien África pudiera carecer de agua, alimento y buena educación, pero sobran los balones de fútbol; hechos de lo que sea… porque sí! Porque así es la vida, porque así es la pasión por el fútbol. No importa si lo confecciona Addidas o algún niño descendiente de los zúlus, lo importante es echar a rodar el balón, porque desde el deporte también se hace Patria, porque el deporte también educa y brinda posibilidades de vivir y de soñar.
Una vida hasta el borde de sacrificios, injusticias y discrimen hoy se corona victoriosa solamente por haber pasado toda su existencia en compañía de una “dama especial” que embellece, anima y mantiene encendido el corazón: FE. Hoy Nelson Mandela recoge el fruto de su trabajo. Hoy toca con sus manos el sueño alcanzado, hoy es Mandela quien nos recuerda, quien nos invita a caminar, a vivir, a respirar con FE. Hoy Es Mandela quien nos dice: Por eso hay que soñar! Luego de esto… que ruede en balón!
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