

De Atleta a Quiropráctico…
Por: Dr. André Colón Pérez
Hay muchos doctores, en especial los Quiroprácticos, que comentan que hay que sentir o pasar por lo que está sufriendo un paciente para así, quizás, entenderlo mejor y poder combinar esta nueva perspectiva con información diagnóstica como el examen físico y radiografías para llegar al mejor plan de tratamiento. Pues quién mejor que un ex-atleta y ex-miembro del equipo Nacional de Gimnasia de Puerto Rico para haber experimentado en carne propia y entender cómo se siente un atleta al lesionarse, qué está buscando y cómo mejorarlo. Ese es mi caso. Aquí se los resumo: cómo la quiropráctica me ayudó en mi desempeño como atleta y me convenció que debería estudiarla para convertirla en mi profesión.
Comencé en el deporte de la Gimnasia en el 1990, cuando tenía aproximadamente 9 años de edad. Sufrí varias lesiones como fracturas de estrés en las muñecas y los talones. Padecía de dolores de hombros y espalda constantes. Mi madre desde hacía unos años se ajustaba con un Quiropráctico y me llevaba a sus visitas de seguimiento, donde yo jugaba y observaba pero nada más. No fue hasta que estaba en la pre-selección juvenil de Puerto Rico que ella junto con mi padre, me llevaron a evaluar por un Quiropráctico y me sometí a un programa de tratamiento constante.
Comencé a notar una diferencia cuando entrenaba sin haber sido ajustado y luego de ser ajustado. Inclusive encontraba que cuando participaba en competencias, aún después de que se terminaban, quería seguir practicando. Como atleta de alto rendimiento, practicaba 4 horas al día, 6 días a la semana y en verano hasta más; mi cuerpo necesitaba un mantenimiento constante de terapias y ajustes. No era yo el único paciente de Quiropráctica sino también otros compañeros de equipo. En un momento hasta tuvimos un Quiropráctico que iba al gimnasio una vez a la semana.
Estudié un Bachillerato en Educación Física en el Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, ya que mis intereses estaban centrados en los deportes. En esos años fue que se me presentó la oportunidad de estudiar Quiropráctica, carrera que reunía todo lo que buscaba: fisiología, biomecánica e, inclusive, certificación en deportes. Además, era una opción sin medicamentos, cirugías, o procedimientos invasivos al cuerpo. Una de mis motivaciones para terminar mis estudios fue el deseo de poder en un futuro cercano devolverle al deporte lo que me dio a mí y ayudar a las siguientes generaciones a lograr sus metas.
El tratamiento quiropráctico ofrece muchos beneficios a los atletas, especialmente en complemento con otras disciplinas necesarias en el día a día, tales como la buena nutrición, ejercicios mentales de visualización y concentración etc. Los ajustes, además de aliviarles el dolor, aumentan la flexibilidad en su columna vertebral y extremidades, permitiéndoles ejecutar mejor sus rutinas y movimientos. No sólo los atletas de alto rendimiento pueden cosechar estos beneficios, sino también los llamados “Weekend Warriors”, esos que van al gimnasio, juegan una “cocinita” en la cancha de la esquina o corren bicicleta por la isla en el fin de semana. Mientras mejor acondicionado esté el cuerpo, mejor podrá funcionar y responder a lo que se le exige.
En fin, ¿por qué contar esta pequeña historia? Por que conozco de primera mano lo beneficioso que es el estar ajustado, tanto para mantener una salud óptima, como para lograr el desempeño físico como atleta o persona activa. Son muchos los atletas a nivel profesional y hasta en equipos olímpicos que tienen un Quiropráctico como parte de se equipo médico. ¿Si ellos lo tienen por que tu no?
El autor es doctor en quiropráctica con oficinas en Río Piedras. Para más información:
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