

Por: Christine Muller
¿Alguna vez te has sentido que has trabajado duro, realmente duro por algo y de alguna forma no cosechaste el fruto que esperabas? Quizás fue ese proyecto que estuviste planificando por meses, por años y no llego a nada. Tal vez ese trabajo extraordinario que realizaste y del que otro, y no tú, se llevo el crédito. Esa revalida que nunca lograste pasar después de tanto estudio. Esa posición que honraste y atesoraste y a la que le dedicaste tu vida, por la cual te inhibiste y hasta inhibiste a tu familia de muchas cosas buenas y luego eres remplazado por uno más joven, una cara más bonita. Esa pareja a la que te dedicaste en cuerpo y alma y un día...solo se marcho.
De alguna forma u otra creo que todos hemos estado en esa posición. Esa posición injusta en la que dimos todo y no obtuvimos lo que esperábamos. Y gritamos, con frustración, angustia, coraje y dolor… “¡que injusto, es injusto!” y no sabemos cómo desahogar tanto, porque fueron tantos los años, tanto el esfuerzo, TANTO... Sentimos que nada podemos hacer que logre traducir de alguna forma ese torbellino de sentimientos que tenemos dentro. Es duro, es realmente duro.
Me imagino que hay una persona que entiende este sentimiento tan bien o mejor que nosotros. Su historia es una que me rompe el corazón porque era un hombre realmente extraordinario. Desde joven encontró su vocación, deseaba servir a la gente en cuerpo y alma, por lo que estudio mucho. Mientras sus amiguitos jugaban, El estaba estudiando, preparándose para cuando llegara su momento. Así estuvo hasta cumplir 30 años, fue a esa edad cuando comenzó a emplear su vocación, como era doctor, iba por toda la ciudad sanando a la gente, nunca cobro un centavo, pues lo hacía únicamente por amor. Padres, amigos y familiares traían a la gente que amaban para que este doctor los sanara.
Su carácter y dulzura atraía personas de todas las edades y pueblos. Los niños le rodeaban y le abrazaban al sentir su bondad y la pureza que emanaba su mirada. Lee su biografía que este hombre que, además de su buen corazón, era tan sabio que multitudes le rodeaban para escucharle hablar y aprender de Él.
Eran días y noches, fueron años los que este hombre se privo de muchas cosas solo para servir a otros. Muchos libros se han escrito acerca de Él por su bondad, ternura y compasión.
Sin embargo, al igual que tú y yo, no fue recompensado como merecía. Las personas a las que sano gratuitamente, el pueblo que fue escenario de su bondad, y sus amigos más íntimos, todos ellos le pagaron con mal.
Jesús de Nazareth, el hombre más extraordinario sobre la faz de la tierra, Dios hecho hombre, hizo todo el bien que una persona puede hacer, dedico su vida entera, no obstante, su proyecto de vida y su bondad fueron recompensada por los hombres con: maltrato, crueldad extrema, odio…Muerte.
Por lo que entiende perfectamente como me siento cuando no fui recompensada como es debido. Cuando llegan estos momentos a mi vida solo…MIRO A LA CRUZ y recuerdo que no todo el bien es pagado en la tierra como es debido porque el hombre muchas veces es injusto y no recompensa como es debido. Sin embargo, mi Dios siempre es un buen refugio. El sabe exactamente cómo nos sentimos y es su abrazo y abrigo el que nos hace sentir cobijados y a salvo. También conoce lo que nos han hecho y nos dice: “Yo pagaré”. A diferencia de los hombres nuestro Padre paga justamente. A Jesús lo levanto de los muertos y le dio un nombre que es sobre todo nombre, en el único en el cual la humanidad puede ser salva. Para ti y para mí también hay una promesa: “habrá un lugar y un tiempo, Yo pagaré…descansa”.